Speed, una película de acción que cumple todos los requisitos para serlo

4 elementos imprescindibles en una película de acción

Si hay un género cinematográfico que ha perdido fuelle en la última década ese ha sido el cine de acción. Después de un época de esplendor en los años 80 y 90 con actores como Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger, Bruce Willis como grandes estrellas, el género inició una época de decadencia que aún perdura.

¿Y a qué se debe este declive? En primer lugar a un inexistente relevo generacional. Vin Diesel no es Stallone ni Dwayne Johnson es Schwarzenegger. Diesel no ha gozado de mucho éxito fuera de las sagas “Fast & Furious” y “Pitch Black”. Johnson ha conseguido éxitos individuales como “San Andreas“, “Hércules” o “Central Intelligence“, pero le ha costado lo suyo. El otro actor que ha saboreado el éxito ha sido Jason Statham aunque fuera de “Transporter” o “Los Mercenarios” no ha tenido un hit en cine (en consumo doméstico sus películas sí han sido exitosas).

Sin relevo generacional, debemos sumar la fiebre por los efectos especiales que trajeron éxitos como “Matrix”, “El Señor de los Anillos” o “Star Wars” y que hicieron que la acción se convirtiese en algo totalmente irreal. De pronto, el cine de acción per se no atraía al público. No hay más que ver que las películas de acción han desaparecido de las carteleras exceptuando “Taken”. Que un actor tan respetado como Liam Neeson se convierta en la gran referencia del género dice mucho de su salud.

¿Pero por qué las películas de acción ya no interesan? El cúmulo de circunstancias está ahí pero como gran fan del género creo que la dejadez en los siguientes 4 puntos tiene mucho que ver.

1- La historia.

Una película de acción debe ser una montaña rusa de emociones. Debe ser frenética, emocionante… Pero debe explicar una historia y el espectador debe implicarse y sufrir con el o la protagonista. Un gran ejemplo de ello es “Speed“. Hay una bomba en un autobús y si baja de los 80km por hora, explotará. ¡Boom! Simplemente con esa premisa ya tienes 2 horas de frenesí y un gran desafío para Keanu Reeves.

Es verdad que en el cine acción está ya todo muy manido. No hay historias que no hayamos visto, más o menos. El problema viene cuando no hay ningún interés por explicar una historia y simplemente se encadenan escenas de acción una detrás de la otra sin ningún sentido (“A good day to die hard“). Nada que ver con la primera parte en la que la historia te mantenía pegado al asiento, era clautrofóbica y temías por la vida de John McClane. En la primera, McClane era un personaje tridimensional pero en la última, una caricatura que se limita a dar puñetazos y pegar tiros por Moscú.

En “Matrix” te implicas con Neo. En “Acorralado (First blood)” con John Rambo. En “Terminator” con Sarah Connor. En las buenas películas de acción se cuentan historias sólidas que sustentan el ritmo acelerado del cine de acción.

2- El héroe y su vulnerabilidad.

Se dice que una película de acción es tan buena como bueno sea el malo. Afirmación que no comparto. Se dice porque se da por sentado que el héroe es un personaje interesante, ¿pero y si no lo fuera? Diríamos que una película de acción es tan buena como su héroe. ¿Quién es el malo en “Taken”? Ni idea. Pero todos recordamos a Liam Neeson. Eso es porque un héroe con personalidad y carisma es IMPRESCINDIBLE y en los últimos años hemos visto pocos de esos.

Un héroe es bueno si como espectadores tenemos la capacidad de empatizar con él. Los héroes unidimensionales son aburridos y una película de acción necesita que suframos con el protagonista. Fijaros en John Rambo. Es un soldado rechazado por la sociedad que no tiene a nadie. Sus amigos han muerto y está solo. Sin rumbo. Sin un papel en la sociedad. Es una máquina de matar pero es vulnerable. Eso nos permite empatizar con él. Por el contrario, en las secuelas él solo es capaz de eliminar a medio ejercito vietnamita o soviético. Es más unidimensional, más invencible. Apenas queda algo de esa humanidad que sí desprendía la película original.

Otro ejemplo, Martin Riggs (Mel Gibson) es un magnífico policía que se juega la piel en cada momento. Pero su riqueza y su humanidad proviene de la desesperación causada por el fallecimiento de su mujer y su necesidad por pertenecer a una familia (la del sargento Murtaugh).

Lucy, por el contrario, es un ser tan letal y poderoso que más bien parece un robot. Es muy difícil empatizar con ella. De hecho, el policía que va con ella le pregunta en qué la puede ayudar porque ni él lo sabe. El personaje de Scarlett Johansson le dice que es un simple recordatorio de lo que ella fue. Una justificación muy débil que proviene de esa falta de vulnerabilidad. Lucy no necesita a nadie. Es un ser todopoderoso y si hubiera querido la película podría haber terminado una hora antes. Porque no hay nadie que la pueda desafiar, que esté a su altura.

3- El villano y sus motivaciones.

El villano es una pieza fundamental en cualquier película de acción. El héroe necesita un antagonista que esté a su altura. ¿Y cómo se define un buen villano? Obviamente el actor o actriz que lo interprete juega un papel crucial (casi siempre son mejores actores) pero lo que hace grande a un villano son sus motivaciones y nuestra capacidad para entenderle.

El cine de acción en demasiados casos ha dibujado a sus villanos como caricaturas en búsqueda de dinero, venganza o quedarse con la chica. El listado de ejemplos puede ser larguísimo. No obstante, cuando a un villano se le pone contra las cuerdas se vuelve complejo. Cuando es vulnerable suele ser más interesante y da al conjunto de la película más equilibrio y profundidad.

Le Chiffre en Casino Royale es un gran villano. Supone un desafío para James Bond pero al mismo tiempo tiene rasgos que los hacen único (llorar sangre) y al igual que el Bond, él también pende de un hilo. Hay alguien más poderoso que él y se siente amenazado, lo que le hace más humano y que podamos comprender mejor sus motivaciones. Tortura por necesidad. No por placer.

4- Acción realista y escenas comprensibles.

Si hay algo que ha restado credibilidad y emoción al cine de acción en los últimos años es la forma en la que se rueda y muestran las escenas de acción. Comenzando por el abuso de efectos digitales. Comparad las escenas de lucha de Matrix y Matrix Reloaded. Mientras que una es corta, dramática y está majestuosamente filmada, la otra es una coreografía alargada que elimina cualquier atisbo de realidad posible (la acción de por sí no lo es pero lo tiene que aparentar). Además de que no aporta nada a la historia.

¿Por qué el realismo es muy importante en las películas de acción? El espectador debe creer que el héroe realmente es capaz de hacer cosas extraordinarias con tal de superar a sus oponentes. Y el espectador es listo y recompensa que no se le engañe con trucos. El buen cine de acción es en el que los actores no tienen reparos por hacer las escenas peligrosas. Eso repercute en la credibilidad del film ya que el director puede mostrar al personaje realizando las proezas que se le suponen. Y en eso Tom Cruise es de los mejores. La siguiente escena no seria la mismo si el actor americano no se hubiera colgado del Burj Khalifa de Dubai.

Otro elemento criticado de las escenas de acción, en concreto de las peleas, es la forma de filmarlas y editarlas. Una buena escena de acción muestra lo que está sucediendo. Tiene que resultar comprensible para el espectador. En Batman Begins apenas vemos a Christian Bale derrotar a sus adversarios mientras que en BvS sí podemos ver a Ben Affleck hacerlo.

La saga Bourne puso de moda las escenas supereditadas y con cámara en mano. Un tipo de montaje que no se limitaba a las escenas de pelea o persecución, era el estilo de toda la película. Ellos sabían hacerlo increíblemente bien pero muchas otras pelis han usado este estilo por falta de recursos (dobles de acción) o porque no sabían cómo mostrar una escena de acción bien hecha. Planos más cortos, más cercanos y un corte cada segundo…. Así corres menos riesgo de que la pelea no quede bien.

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Article by: Marc Agues