Ceñirse a las reglas del género o alterarlas. ¿Qué es mejor?

El otro día fui al cine a ver The Big Short (La gran apuesta), la película de Adam McKay (director sobre todo de películas de género de comedia) basada en hechos reales sobre un grupo de brokers que apostaron en contra del sector inmobiliario antes de la crisis de 2008. He de reconocer que la película me gustó aunque terminé con una sensación agridulce ya que aunque la historia y los personajes me fascinaron, la dirección de McKay me resultó agotadora. Literalmente.

Analizando la dirección de McKay fue cuando me di cuenta que en los últimos años he visto casi todas las películas que se han producido acerca de la crisis económica, la burbuja inmobiliaria y la caída de los bancos. Desde Inside Job a Billions pasando por Too big to fail, El lobo de Wall Street, Wall Street: El dinero nunca duerme, Margin Call, Capitalism: A love story, The Company Men, Up in the air… Supongo que me interesa el tema.

Me parece interesante cómo este tipo de películas han ido jugando con el género para tener que diferenciarse unas de otras y no repetirse. Especialmente aquellas que van más al grano abordando la crisis bancaria. Si al principio todo eran dramas, ahora se introducen elementos propios de la comedia, se desarrollan tramas propias del suspense, se rompe la cuarta pared… Cualquier novedad es buena para tener una historia y un punto de vista más fresco. En The Big Short me llamó la atención el recurso de usar a famosos como Margot Robbie o Selena Gomez para explicar el funcionamiento de los CDO o las hipotecas subprime. Ingenioso.

¿Y a qué quiero llegar con esto? Pues al dilema que se presenta a guionistas y directores al plantear el proyecto de una película. ¿Qué haces? ¿Te limitas a hacer lo que ya se ha hecho y que sabes que tiene salida o te la juegas con algo más innovador o novedoso? Todos hemos visto pelis que nos han parecido “más de lo mismo” pero también hay proyectos que gracias a que rompen las reglas han conseguido salir adelante. Ahí está Se7en. Un error del agente de David Fincher permitió al director leer la primera versión que Andrew Kevin Walker escribió. En esa versión el personaje de Kevin Spacey se entregaba al final del segundo acto. El mismo Fincher lo explica en esta entrevista. Minuto 3:50.

Entonces, la cuestión es, ¿vale la pena ser rompedor o es mejor apostar sobre seguro? Una pregunta complicada como me explicaba la productora Laura Rubirola (El Cuerpo, ¿Quién mató a Bambi?), quien se ha lanzado recientemente a poner en marcha la productora Tandem Entertainment junto a su socia. La decisión entre producir proyectos rompedores o apostar por planteamientos más clásicos, quizás no tenga una respuesta correcta. En Tàndem, por ejemplo, trabajamos para que el viaje del espectador sea lo más emocionante posible y no dudaríamos en arriesgarnos si la historia lo requiere. Como productoras, creemos que los creadores deben tener libertad para explicar sus historias de la forma que crean más coherente. Ser fieles a lo que se quiere contar es lo más importante.

Una libertad creativa que busca todo guionista y director pero que se ve coartada muchas veces por un muro infranqueable; la realidad. Como comenta Asier Guerricaechebarría “Yo como guionista siempre quiero hacer algo nuevo y, sobre todo cuando se trata de proyectos propios así suele ser, pero muchas veces uno se choca con la realidad del mercado que le ha tocado vivir y comienza a volverse, no tanto conservador, si no más bien pragmático”.

Desde mi punto de vista es una situación muy jodida para el guionista ya que se trata del eslabón más débil de esa cadena llamada industria cinematográfica porque considero que la pragmática tiende a empequeñecer los proyectos, tanto en tamaño como en inventiva. Pero la realidad es la que es y en ese momento es cuando hay que saber hasta donde se puede forzar. Paradojas de esta industria. Como dice Asier, “tienes que empezar a pensar qué tipos de historias se producen en el mercado en el que te mueves e intentar adaptar tus historias a él. Por supuesto yo siempre intento hacerlo de la forma original posible pero no cabe duda de que me pongo ciertos límites (tanto de la envergadura como muchas veces temática) a la hora de abordar un nuevo proyecto”. Planteamiento con el que coincide el guionista David Muñoz (El Espinazo del Diablo);” Lo que se busca es una mezcla de familiaridad con novedad. Que las películas suenen a algo, que remitan a algo, y que al mismo tiempo tengan algo diferente que sirva de reclamo. En mi caso, me ha pasado que he escrito guiones con planteamientos más arriesgados u originales que no se han rodado, pero que, paradójicamente, me han servido para recibir encargos más convencionales. Por eso a veces ayuda tener referentes claros aunque luego lo que escribas sea otra cosa”.

Entonces, ¿hay que arriesgar o ser pragmático? ¿Los guionistas deben ser realistas o los productores invitarles a que arriesguen más? Hablando con distintos productores en eventos de industria a lo largo de estos últimos dos años la conclusión que he extraído es la siguiente. Tu proyecto debe ser valiente y ambicioso. Se le tiene que ver viabilidad. Si es un “más de lo mismo” desde el principio será difícil que un productor se plantee llevarlo adelante. Como bien me decía Laura, “para un productor lo más importante es que las películas expliquen las historias y la verdad es que aunque hayan sido temas tratados previamente siempre hay diferentes formas de explicarlos y que los espectadores los puedan disfrutar de nuevo”. Algo que no dista mucho de otra apreciación de David Muñoz, que considero muy acertada. “Los productores buscan sobre todo proyectos que suenen a cosas que han funcionado anteriormente pero que al mismo tiempo aporten algo nuevo”.

Category: Industria

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Article by: Marc Agues