comedias britanicas

Las claves de las mejores comedias británicas Escribir una comedia y no morir en el intento

Escribir comedia tanto para una serie como para una película es uno de los mayores retos para un guionista. Como siempre se ha dicho, la línea entre lo gracioso y lo ridículo es, efectivamente, extremadamente fina. Así que, ¿cómo aprender a escribir comedia? Bien, la comedia no se aprende. Hasta los mejores cómicos tienen dificultades para enseñar cómo crearla. El sentido del humor, es algo que se tiene o no se tiene. Y aún así, alguien puede ser muy gracioso y tener dificultades para crear una escena o un diálogo que haga reír al resto del mundo.

series británicas 

El género de comedia abarca muchas complejidades. Ya no sólo las que normalmente nos encontramos cuando escribimos un guion (premisa, personajes, estructura, etc.) o el hecho de que la comedia de por sí es muy subjetiva sino que, además, requiere el doble de precisión. Si escribir una comedia es difícil, crear una y que encima sea distintiva ya ni te digo.

Cuando hablamos de comedias características y peculiares, enseguida se nos viene a la cabeza las comedias británicas. Lo cierto es que contienen un tipo de humor que las diferencia del resto. Aquí no os vamos a enseñar los pasos a seguir para aprender a escribir comedia pero sí analizaremos algunos elementos que suelen tener en común las películas y series británicas más populares.  Des de los Monty Python hasta Phoebe Waller-Bridge, mencionaremos cuales son las claves para escribir una película o una serie que haga troncharse de risa. 

LOS PERSONAJES LO PRIMERO

En la comedia lo más esencial y lo primero que un guionista debería hacer es crear los personajes y profundizar en ellos. Antes que la premisa, antes que la estructura, antes que todo. A partir de los personajes se puede crear todo lo demás.

Pensemos en el protagonista de la película de Edgar Wright, Shaun of the Dead. Shaun es un vendedor de electrónica tontorrón cuya vida es aburrida y monótona, no es respetado por sus compañeros y hasta su novia lo deja. En definitiva, es un zombie de la rutina. Una noche se emborracha con su mejor amigo y se despierta al día siguiente en medio de un apocalipsis zombie. ¿Irónico, no? El personaje atrae al universo. Para escapar de la rutina está claro que Shaun necesita luchar contra un apocalipsis zombie (¿y contra sí mismo?).

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Como siempre, una de las cosas más importantes es que podamos empatizar con los personajes. Y para ello, deben de tener su propia voz. Crea hipótesis sobre cómo reaccionarían tus personajes ante diferentes situaciones. Una de las escenas que creo que mejor refleja la personalidad de Shaun es cuando después de emborracharse, se despierta en la cocina de su casa y va a la tienda a comprar una lata de soda y el famoso Cornetto para Ed. Vemos zombies por las calles. Shaun bosteza ajeno a lo que sucede a su alrededor, incluso se tropieza con la acera de la calle. Sigue bostezando, suena un teléfono que nadie responde y un tío sale corriendo disparado. Llega a la tienda pero el dependiente no está deja las monedas en el mostrador y se va. Nos encontramos con el mismo panorama en las calles. Shaun intenta abrir su Coca-Cola con la boca, se rinde y la abre con la mano. ¡Y hasta se encuentra a un zombie al que confunde con un vagabundo!

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Esto solo le podría pasar a Shaun, que está tan absorto en su rutina, que no se da cuenta de lo que sucede a su alrededor. La personalidad de tu personaje también debe de verse reflejado en los pequeños detalles. Por ejemplo, el detalle de Shaun intentando abrir la lata con la boca también denota el carácter tontorrón del protagonista. ¿Quién intenta abrir una lata con la boca?

En el caso de las series de televisión, esta regla es importantísima, no hay nada más importante que los personajes. A la hora de escribir el guion, es crucial saber gestionar la información que se va a entregar en el capítulo piloto. De éste depende que alguien le de una oportunidad a la serie o la abandone. Si los personajes no gustan en el piloto, olvídate de que sigan interesados por tu serie. No importa que tengas la mejor premisa del mundo mundial. En el piloto se suele entregar la información básica del personaje: su forma de actuar, qué tipo de vida lleva, sus relaciones, etc.  En el resto de capítulos se dan las pequeñas cápsulas de información que acaban de definir el personaje y su arco de transformación.

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Si echamos un vistazo al piloto de la serie de Phoebe Waller-Bridge, Fleabag, nos daremos cuenta de que introduce perfectamente a su protagonista. ¿Quién es Fleabag? Una mujer adicta al sexo, narcisista, perturbada, cínica y que aparentemente repele el amor o las muestras de afecto. Que no se nos de su nombre real y le llamemos Fleabag ya nos da información sobre cómo es la protagonista o, al menos, como se ve a ella misma. El piloto deja claro la actitud de Fleabag ante el sexo, la relación que mantiene con su hermana y la tensa situación que hay entre su padre, su madrastra y ella. ¿Lo mejor del piloto? La última escena donde Fleabag nos revela que se ha acabado llevando la estatuilla dorada de su madrastra confirmándonos, por si teníamos alguna duda, que sí es esa persona narcisista, cínica y perturbada que llevamos conociendo durante todo el piloto. La guinda del pastel.

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LA COMEDIA SURGE DEL DRAMA

La estructura en las comedias no solo es vital para crear una historia coherente sino que también nos sirve para crear tensión y, por último, drama. Si te paras a pensarlo, la mayoría de situaciones graciosas tanto en una película como en una serie surgen de un drama o un conflicto que se va calentando hasta que explota. Al final, la comedia se alimenta directamente del drama. Dicho en otras palabras, nos gusta reírnos de las desgracias.

Hay una serie de comedia que, a mi parecer, recoge este aspecto de la forma más básica. Hablamos de la serie creada por Rowan Atkinson en los 90, Mr. Bean. Todo el mundo recuerda en mayor o menor medida este personaje. Mr. Bean era un adulto con mentalidad infantil que convertía cualquier tarea sencilla en toda una odisea. Al personaje le ocurrían constantemente toda clase de desgracias y situaciones embarazosas que hicieron reír a varias generaciones.

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En una comedia, colocar las escenas o gags que tienes en tu cabeza es más complicado de lo normal. Ya que no sólo te tienes que preocupar de la posición de cada una de ellas sino también de su contexto. Hay que pensar en cada una de ellas como un minidrama. Muchos guionistas hacen uso del famoso tablero y sus fichas para intentar descubrir dónde y en qué contexto colocar cada uno de los gags y, si no funciona un gag, desechar esa escena. Porque sí, os acabaréis enamorando de alguna escena o gag que tengáis muy claro en vuestra cabeza y la cual os parezca desternillante, pero si no encaja en ninguna parte del tablero, tarde o temprano, os tendréis que deshacer de ella. Así que, cuanto antes te mentalices, mejor.

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En una serie la estructura debe de ser muy sólida. Ya que tiene que presentar a unos personajes interesantes, un argumento coherente e introducir una serie de gags en un margen de tiempo reducido. Hoy en día, la estructura básica del piloto de una sitcom se compone de:

  • Teaser con conexión con la trama o independiente.
  • Primer acto: introduce la premisa, los personajes y las relaciones entre los personajes. Es decir, la base y las raíces de la serie.
  • Segundo acto: aquí es donde se desarrollan la mayoría de conflictos y situaciones dramáticas. Siempre tendremos la trama principal (historia A) y las tramas secundarios o subtramas que se crean a partir de las relaciones entre los diferentes personajes de la serie (historia B, historia C).
  • Tercer acto: en una serie el tercer acto tiene que ser un cierre de todos los conflictos y, al mismo tiempo, ofrecer una pista sobre qué tratará el capítulo siguiente. Esta pista funcionará como cebo para enganchar al espectador y que siga viendo la serie.

LA IRONÍA Y LA SÁTIRA

Una de las cosas más características y distintivas de las películas y series británicas es su sentido del humor. Mucha gente tiende a comparar la comedia británica con la americana. A mi parecer, su mayor diferencia está en el tono y uso de la ironía.

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La comedia británica suele ser áspera y seca en el mejor de los sentidos e incluso muchas veces te hace dudar de si eso era un chiste o iba en serio. Además, es un tipo de comedia que se suele ceñir más a la cruda realidad. Lo cual me lleva a pensar en los personajes de la serie de The Office. La serie británica creada por Ricky Gervais y Stephen Merchant en 2001 cuya adaptación estadounidense estaba protagonizada por Steve Carell. Si comparamos a David Brent con Michael Scott veremos que ambos son egocéntricos e ignorantes. En cambio, Michael Scott cae más simpático que David Brent porque éste no tiene la oportunidad de redimirse en casi ningún momento de la serie. Aunque ambas series utilizan la ironía, la británica igual tiene un tono menos optimista y se beneficia más de las miserias humanas. Así pues, confronta al espectador con escenas vergonzosas que hasta nos pueden hacer sentir incómodos mientras nos reímos.

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Otro de los elementos de los que se beneficia las comedias mucho es del uso de la sátira, creando críticas políticas o sociales potentes a partir del humor y reflexionando sobre diferentes temáticas.

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No podríamos hablar de sátira sin mencionar a los Monty Python. El grupo de humoristas formado por John Cleese, Graham Chapman, Terry Gilliam, Eric Idle, Terry Jones y Michael Palin, crearon el controversial programa Monty Python’s Flying Circus en 1969 revolucionando la programación inglesa de aquella época. Monty Python and the Holy Grail, es una sátira sobre una de las mayores leyendas de Inglaterra, el Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda. Y luego, por supuesto, vino Life of Brian donde un judío que nace el mismo día que Jesucristo es confundido por el mismo Mesías. Una crítica voraz a la demagogia y al sectarismo religioso y político. Tan polémica que casi se quedan sin hacerla. Fue gracias a la fuerte apuesta de George Harrison, músico de los Beatles, que el grupo pudo llevar a cabo la película.

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Y una película más reciente que recuerda al estilo de los Monty Python es la del polémico Chris Morris, Four Lions, donde cuatro musulmanes que viven en Gran Bretaña toman la decisión de convertirse en terroristas. Con una premisa y una temática de tal calibre, Chris Morris, debía de crear una película muy precisa para que no se le echaran al cuello. Y así lo hizo, consiguió una película provocadora que nos invita a reflexionar sobre los peligros del fundamentalismo religioso. Y esta película es un perfecto ejemplo para recalcar de nuevo ese tipo de comedia tan característico y tan duro del que hablábamos antes y que muchas veces nos hace sentir incómodos frente a la pantalla.

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Si te paras a pensarlo, la comedia es un género bastante contradictorio. Parece simple pero es muy compleja de escribir y dominar sus mecanismos. Para hacernos reír, crea los mejores dramas. Da la sensación de que su objetivo es puramente entretenernos pero, sin embargo, las mejores comedias son las que nos enfrentan a los temas más polémicos. Así pues, el resultado es casi mágico.

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