Haritz Zubillaga: Dentro del ataúd de cristal

Haritz Zubillaga (Bilbao,1977) es una de los directores más prometedores del cine español. No lo digo yo, sino una de las revistas de referencia a nivel internacional; Variety.

Gracias a sus cortometrajes “Las Horas Muertas” o “She’s Lost Control“, Zubillaga ha podido debutar en el largometraje con “El ataúd de cristal“. Una producción modesta en recursos pero ambiciosa en su temática que se estrenó en el pasado Festival de Sitges.

Enamorado del cine de género, Haritz Zubillaga prepara nuevos proyectos; su thriller “Marion” fue seleccionado en 3rd Pitchbox y hace poco ganó el Premio Cine365 al mejor director por su cortometraje “The Devil on your back”, lo que le permitirá rodar su segundo largometraje en 2017. Pero mientras, sigue conduciendo ese ataúd de cristal con el que ha iniciado una nueva etapa en su brillante carrera.

¿Cómo nace la idea de El ataúd de cristal?

Lo primero fue la limusina. Esos vehículos siempre me han parecido muy misteriosos. Cuando los ves pasar, con sus cristales tintados, siempre te preguntas qué demonios puede estar pasando ahí dentro. Lo siguiente fue el personaje de la protagonista, una actriz, y la presencia de una extraña voz que le dicta ordenes. Tirando del hilo con Aitor Eneriz (mi co-guionista), pronto encontramos temas que nos interesaba mucho tratar: las apariencias, la vanidad, las muchas personas que hay dentro de cada uno de nosotros… Llegamos a la conclusión de que queríamos ahondar en la idea para demostrar que el Infierno cabe dentro de una limusina.

¿Cómo se levantó la producción de El ataúd de cristal?

La película se ha levantado gracias al empeño muy personal de la productora Basque Films y de nuestros co-productores catalanes Life and Pictures. Leyeron el guión, apostaron por el proyecto y lo más importante, lo entendieron a la perfección desde el principio. A día de hoy la película no cuenta con ninguna subvención pública ni de momento con el apoyo de ninguna televisión o grupo de comunicación. También es cierto que no pedimos ninguna ayuda. Planteamos levantar la producción con dinero privado y con el compromiso de un equipo que en su mayor parte decidió capitalizar sus salarios. En este sentido, “El ataúd de cristal” es completamente cine de terror independiente.

¿Por qué lanzarse a este proyecto y no a otro?

Aitor y yo acabamos muy satisfechos con el guión. Que en Basque Films y en Life and Pictures lo vieran claro fue decisivo. Y a mi, como director, me parecía una primera película perfecta, modesta en cuanto a los medios que necesitaba para contarla pero ambiciosa en lo creativo. Es cierto que es un tanto personal y arriesgada, pero si tu primera película no es así, ¿cuál va a ser? Me gustaría rodar con más presupuesto, con más apoyos, y espero que a partir de ahora pueda ser así, también soy consciente de lo que eso necesariamente implica respecto al tipo de película que vas a poder hacer. Ese es un reto muy diferente al que ha supuesto “El ataúd de cristal” pero igual de apasionante, incluso más.

Aitor Eneriz y Haritz Zubillaga. Foto: Bloguionistas
Aitor Eneriz y Haritz Zubillaga, guionistas de El Ataúd de Cristal. Foto: Bloguionistas

¿Cuál fue la mayor dificultad a la hora hacer realidad el proyecto?

Sin duda, contar con un presupuesto tan ajustado como el que teníamos ha sido la mayor dificultad a la que nos hemos enfrentado durante todo el proceso. Hemos tenido que trabajar duro, durísimo, para mantener el proyecto milimétricamente dentro del presupuesto establecido sin sacrificar nada de lo que queríamos hacer, ni en el rodaje, ni en la postproducción. Por eso, cada paso que hemos dado ha sido más difícil que el anterior. Rodarla fue más difícil que escribirla y toda la postproducción ha sido mucho más difícil que rodarla. Yo mismo me encargué de montar la película, en un portátil que me compré hará unos 8 años, y pese a que tengo bastante experiencia como montador y que soy bastante obsesivo… da igual, esos meses que me pasé encerrado en casa, a solas, cara a cara con el material que había rodado, ha sido una de las etapas más difíciles de toda mi vida. Esos meses también supusieron un aprendizaje enorme, en lo profesional, en lo personal… en todos los sentidos.

¿Escribir el guión fue un reto al transcurrir toda la película en una limusina?

La verdad es que no nos planteamos el guión como ningún reto. La idea surgió, no sedujo y decidimos tirar para delante, ver hasta dónde nos llevaba. Todo el proceso fue bastante natural, no sentimos en ningún momento que estábamos forzando la historia para ajustarla al concepto, nunca tuvimos la sensación de estar ante ningún tour de force. Tanto a Aitor como a mi, este tipo de historias muy minimalistas, con muy pocos elementos que manejar, no salen de forma bastante espontanea. Nos sentimos a gusto con estas ideas. Se puede comprobar en los cortos que he dirigido antes de la película. ¿Al comenzar el rodaje os preocupaba no contar con distribuidora? Sí, nos preocupaba… y es un tema que aún nos preocupa. Al menos en mi caso, cuando cuento una historia, mi deseo es que pueda llegar al mayor número de gente posible. Que eso no se fuera a cumplir ha sido una pesadilla con la que he tenido que lidiar durante todo este tiempo. Por suerte la película ha empezado con muy buen pie pudiéndola estrenar en Sección Oficial en Sitges. También hemos tenido la suerte de pasar por la Semana de Terror de San Sebastián. Estar en estos festivales y tener buena acogida por parte del público y de la crítica están dando visibilidad a la película y nos está ayudando en la durísima batalla por comercializarla.

Zubillaga dando instrucciones a Paola Bontempi durante el rodaje
Zubillaga dando instrucciones a Paola Bontempi durante el rodaje

¿Cuáles son los siguientes pasos a dar para la película?

Por un lado la película seguirá su recorrido por el circuito de festivales, tocamos madera para que la cosa vaya tan bien como hasta ahora. Por otro lado, como decía, seguiremos en la durísima batalla por encontrar la comercialización que creemos se merece. Aunque parezca increíble después de tanto tiempo y de tantos procesos, después de levantar la producción, rodarla y postproducirla, la pelea sigue siendo la misma que el día que Aitor y yo escribimos la primera frase del guión, seguimos luchando para que la película exista. ¿Ha sido un proceso complicado saltar del cortometraje al largometraje? Personalmente he notado una diferencia brutal entre lo que supone hacer un corto y lo que supone hacer un largo. Con los cortometrajes se aprende muchísimo, creo que es muy necesario hacerlos, y también me parecen muy gratificantes por la posibilidad que te dan de dirigir a corto plazo. Pero sinceramente creo que no te preparan para lo que se te viene encima con una película. En realidad creo que nada, salvo el propio ejercicio de rodar una película, te prepara para ese tsunami de información, responsabilidad y sacrificio que te va a golpear con todas sus fuerzas.

¿Sentiste cierta presión al tratarse de tu primer largometraje como director?

Sentí presión por el hecho de que fuera un largometraje, no tanto porque fuera mi primer largometraje. Como decía, creo que nada te prepara para algo así. Pronto entendí que, por decirlo rápido y mal, en los cortos había jugado con las cartas marcadas. Los cortos son tan breves, en todos los sentidos, y en general, comparados con un largometraje, manejas tan pocos elementos que, preparándolos a conciencia, puedes hacerte con más o menos facilidad una idea clara de dónde estas y de lo que va a pasar en todo momento, puedes controlarlo todo. Con la película, aunque el trabajo de preparación fue aún más exhaustivo que el que había hecho en los cortos, me di cuenta rápido que eso, controlarlo todo, era materialmente imposible. Aunque lleves dibujado cada plano que has pensado, aunque hayas hablado hasta el último detalle con cada jefe de departamento, aunque hayas tenido mil reuniones y ensayos con los actores… da igual, llega un punto en el que la cantidad de información que manejas y la cantidad de decisiones que tienes que tomar es tan imponente que simplemente, te tienes que dejar llevar y confiar en tu instinto.

¿Qué podemos esperar de los próximos proyectos de Hartiz Zubillaga y Demeter Films?

Como director estoy volcado de lleno en mi segunda película, espero poder hacerla ya mismo, mañana mejor que pasado. He estado demasiado tiempo encerrado en una limusina y me muero de ganas de trabajar con material nuevo. Otra vez toco madera, parece que la cosa está encaminada y si nada se tuerce demasiado, el año que viene estamos rodando. Sobre el proyecto en sí, es muy pronto para dar detalles, lo único que puedo adelantar es que seguiremos moviéndonos dentro del thriller, vayan abrochándose los cinturones… Sobre Demeter Films, nuestra joven productora seguirá luchando por levantar proyectos con vocación internacional y sobre todo para hacer películas vibrantes para el espectador, del primer al último fotograma. Crecerá de la mano no solo de mis proyectos, también de los de mi socia y co-fundadora, Norma Vila  (su cortometraje Jules D. ha sido nuestro Project Of The Week). También estamos hablando con otros directores para que se hagan cargo de alguna de las muchas historias que tenemos escritas y ver si entre todos podemos hacer que existan.

¿Cuál crees que es el mayor déficit de la industria española para que nuevos directores puedan realizar sus películas?

Imagino que el mayor déficit de la industria española es la falta de fondos para invertir, que la industria cuenta con muy poco dinero. Cuando hay poco dinero la inversión tiende a ser conservadora, a no asumir riesgos. Y producir una película con un director novel, es un riesgo añadido. Paradójicamente, y supongo que gracias en gran medida al cine digital, los nuevos (y no tan nuevos) directores estamos haciendo las películas por nuestra cuenta y riesgo. Creo que hacer tu primera película como hemos hecho “El ataúd de cristal”, con más esfuerzo que dinero, tirando de favores, etc… es algo asumible, por no decir que éste modelo de primera película autoproducida, fuera de la industria, viene de lejos, se ha hecho toda la vida, grandes directores han empezado así, perfecto. Lo preocupante es que tu segunda película vaya a ser así también, y la tercera, y la cuarta… Creo que este concepto, eso que de alguna forma un poco perversa parecen querer vendernos de que el low-cost es lo mejor, tiene el peligro de acabar diluyendo por completo la industria y me parece inquietante porque personalmente creo que el cine solo puede existir como arte si es industrial.

Category: Talent

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Article by: Marc Agues