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Los festivales de cine como experiencia única para cinéfilos y profesionales Por qué me encanta y recomiendo ir a los festivales de cine

8:30h. Suena el despertador. Ducha rápida. Café para llevar. Cola. Pelearse por un asiento incómodo en un teatro viejo. 9:00h. Película. 11:00. Cola. Película. 13:00h. Correr a la sala de prensa. Pelearse por un asiento en el que se vea algo. Rueda de prensa. Aguantar los monólogos-pregunta de los periodistas. Salir corriendo. 14:00. Película. Ya comerás; cuando sea. 16:30h. Película. Un descanso (pero sin pasarse). Película. Cola para conseguir entradas para las secciones especiales del festival. Cenar. Película. Dormir. 8:30h. Suena el despertador.

Es, la dura vida del festivalero. Y mi mes de felicidad.

Cuando hablo sobre mi feliz mes de festivales de cine con frecuencia el feedback que recibo no pasa de un ligero arqueamiento de cejas; muchos no logran comprender cómo soy capaz de pasar ocho días viendo una media de cuatro películas por jornada y disfrutarlo de principio a fin. Tras más de diez años asistiendo, sigue siendo una experiencia enriquecedora tanto personal como profesionalmente y, aprovechando que entre finales de septiembre y mediados de octubre se celebran en España los festivales de cine de San Sebastian y Sitges, me gustaría compartir por qué creo que es muy interesante asistir si trabajas en esta industria.

Son una ventana a otras cinematografías

Durante el año, el cine más accesible en salas no hollywoodiense suele ser, igualmente, el anglosajón (especialmente el americano y el británico). En menor medida podemos encontrar cine francés y algún título que despunta de países como Alemania, Japón, Argentina o Suecia. Las producciones pequeñas de filmografías de otros países y presupuestos más humildes suelen tener una distribución muy limitada tanto en número de copias como en tiempo en taquilla.

Sin embargo, en los festivales la variedad de naciones, de orígenes y de niveles de producción de los títulos suele ser muy amplia. Por ejemplo, la sección de “nuevos directores” del Festival de Donosti es una de mis favoritas ya que programa primeras o segundas películas de los directores que participan. Por ello es frecuente encontrarse con autores y autoras jóvenes que, con pocos medios, cuentan cómo es la vida allá donde viven, abriéndonos así una ventana no sólo al relato que quieren hacer, sino también a otros universos, otras formas de vida, otras realidades y otras formas de percibir o narrar. Pero no es algo exclusivo de esta sección. La riqueza de nacionalidades, de lenguas, de acercamientos diferentes a argumentos de siempre o de historias locales que brillan por su excepcionalidad están a la orden del dia en un festival de cine.

La portuguesa ‘The eyes of my mother’, ‘Crudo’, la rusa ‘Tesnota’, ‘Apostasy’, la sueca’ Granny’s Dancing on the Table’, la francesa ‘Les Demons’ o la filmografía de Michel Franco (‘Después de Lucía’, ‘Chronic’) o Nadine Labaki (‘¿Y ahora a dónde vamos?’, ‘Caramel’), ‘Buda explotó por vergüenza’, ‘Coherence’, ‘Corn island’, la ucraniana ‘The Tribe’ o la belga ‘Silent City’ son títulos que no habría descubierto o habría sido difícil ver sin el festival.

De hecho, el carácter internacional de los festivales es algo que cuento como algo enriquecedor a nivel personal, ya que es un contacto único con otras culturas, otras idiosincrasias, otras dinámicas y otras formas de ver y vivir la vida. Son personas del mundo las que eligen cómo quieren contar su historia y que lo hacen desde su experiencia, sus valores y la educación y vida que han tenido en sus países. Me fascina ver cine en otras lenguas y conocer cómo se expresan en otros lugares; a base de ver películas procedentes de un mismo país podemos extrapolar ciertas características y entender mejor, y desde lejos, otros lugares.

Poco presupuesto, mucho talento

Estas producciones procedentes de países o productoras menos prominentes en el círculo más comercial con frecuencia prueban que un presupuesto alto no equivale a talento, y muestran una colección de ideas y creatividad que solventan ese tipo de obstáculos. En el caso del festival de Sitges, por ejemplo, se refuta la concepción de que la ciencia ficción y la fantasía son géneros que requieren cierta inversión en efectos especiales de algún tipo. ‘Coherence’ (rodada con un iPhone y con 50.000 dólares), ‘Another Earth’, ‘Man from Earth’ , ‘Thelma’ o ‘Les Affamés’ son algunos ejemplos. De hecho, el festival de Sitges suele sorprender todos los años con unos cuantos títulos que utilizan el género (el suspense, la fantasía, la ciencia ficción, la acción…) para contar historias muy humanas y que nos regalan argumentos para refutar a aquellos que los tratan como géneros menores.

Tras siete años asistiendo al festival de Sitges he comprobado, por ejemplo, lo bien que se les da en Corea el hacer cine social a través de thrillers violentos y terror sangriento. Puede ser hablando de la precariedad laboral de horarios o cultura del trabajo excesivo como en ‘Office’, de la burbuja inmobiliaria como en ‘Dream Home’, del abuso social e institucional en ‘Silence’, de la corrupción y egoísmo en las personas como poder de ‘Train to Busan’ o de la soledad y ostracismo de quien es diferente o derivados de la presión social de ‘Castaway on the Moon’. La posibilidad de asomarnos a todo este cine de otra forma inaccesible, nos permite conocer mejor las filmografías e idiosincrasias de otros países, como comentaba anteriormente.

Fuera prejuicios y expectativas

Esta era de sobre información e inmediatez conlleva ciertas desventajas en nuestra relación con el cine que vemos. Con las redes sociales, el potente marketing y las coberturas de prensa al minuto, es frecuente que lleguemos a una película sabiendo qué recepción crítica ha tenido, si ha habido problemas en la producción y otros datos que se suman a la expectativa propia que creamos partiendo de nuestra relación con anteriores trabajos de determinados directores, actrices, guionistas y demás. Es difícil ir como un folio en blanco y valorar la película tal y como ésta se quiere ofrecer al espectador.

En un festival la experiencia suele ser muy distinta. Más allá de la sinopsis, y de que en algunos casos sí se suele conocer obra previa de algunos nombres que presentan películas, en general la información que tenemos es poca y viene principalmente de títulos más conocidos que han sido presentados en algún festival previo. El resto es cine de estreno, que no se ha visto en ningún sitio o no ha tenido demasiada repercusión, por lo que es fácil sentarse en la butaca y simplemente abrirse a lo que te quieran contar sin ideas preconcebidas. Encontrarse con una grata sorpresa en este supuesto produce el doble de satisfacción, además.

Entorno cinéfilo y de industria

Las colas, las cenas, las esperas en la sala de prensa y, en general, el entorno de un festival es un lugar en el que, aunque suene cursi, se respira cine. Son momentos llenos de conversaciones sobre las películas que se están viendo, sobre otros títulos que se han podido ver en otras ediciones o muestras similares y, en general, de charlas sobre cine en las que siempre hay algo nuevo que aprender o alguien interesante que conocer. Da gusto conversar con otros cinéfilos que disfrutan desgranando las películas, que las analizan y viven reflexionando sobre su mensaje, su estructura, su lenguaje narrativo o su discurso de forma detallada y profunda; no sé vosotros, pero hay determinados círculos en los que sé que no procede hablar de, por ejemplo, “deconstrucción psicológica de personajes”, pero los festivales de cine no es uno de ellos.

Alejandro Jodorowski
Alejandro Jodorowski en el coloquio posterior a la proyección de ‘La Danza de la Realidad’ en Sitges. Fue toda una gozada por cómo el director compartió su filosofía de vida y de creación.

Pero no sólo esto, sino que a los festivales suelen acudir el equipo técnico y artístico de las películas que se presentan y, salvo aquellos nombres más conocidos y solicitados, es relativamente fácil concertar una entrevista con directoras o productores. Además, suele haber pases en los que se realizan coloquios posteriores a la proyección o fiestas de presentación en las que es muy fácil acercarse a charlar con el equipo (como las del Bataplan en la playa de la Concha de San Sebastián).

En el terreno más oficial y de industria tampoco escasean las posibilidades de conectar con otros profesionales y creadores. Con frecuencia hay eventos, mesas redondas, entrevistas y ruedas de prensa que permiten este tipo de conexiones. Zinemaldia organiza desayunos todas las jornadas y hay una sección de cine “en construcción” como plataforma para conseguir ayudas, además de los eventos enfocados a networking y charlas en las que se debate sobre temas de actualidad en la industria. En Sitges se hacen todo tipo de presentaciones, además de que también ofrece oportunidades como las secciones de cortos o los pitchbox.

Respecto a temas de industria esto es mucho más potente cuando hablamos más de mercados que de festivales de cine, claro, pero aunque no tengas nada que presentar o tu labor no sea adquirir contenido, los aspectos positivos que hemos ido comentando aquí también se podrían aplicar en el caso de asistir de “espectador” a un mercado. Por eso, y aunque el foco de este texto está en los festivales, también he incluido algún mercado relevante en esta lista de festivales a los que podrías acudir próximamente:

  • IBC (13 al 18 de septiembre)
  • Amsterdam Independent Film Festival (18 al 20 de septiembre)
  • Nordisk Panorama Market (22 al 25 de septiembre)
  • Festival de Cine Internacional de San Sebastián (21 al 29 de septiembre)
  • Zurich International Film Festival (27 de septiembre al 7 de octubre)
  • Festival de Cine fantástico de Sitges (5 al 14 de octubre)
  • BFI London Film Festival (4 al 15 de octubre)
  • MIPCOM (15 al 18 de octubre)
  • Seminici, Valladolid (20 al 27 de octubre)
  • Medientage, Munich (24 al 26 de octubre)
  • American Film Market (31 Octubre al 7 de noviembre)
  • Festival de Cine de Gijón (16 al 24 de noviembre)

Estos son algunos de los próximos meses, pero la lista podría ser mucho más larga. Espero haberte convencido de lo bien que se pasa y de lo interesante que puede ser asistir a una de estas citas de cine. Aún estás a tiempo, por cierto, de acreditarte en los cuatro festivales de cine más próximos que se celebran en España (San Sebastian, Sitges, Valladolid y Gijón).

Category: Festivales y Mercados

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Article by: Adriana Izquierdo