¿Puede ser un High Concept perjudicial?

El high concept es un término que está cada vez más asentado en el lenguaje de guionistas y directores que aspiran a abrirse paso en la industria cinematográfica. Tener un proyecto que se sustente en un high concept añade interés y potencial a tu historia. ¿Pero qué es un high concept? ¿No todas las premisas son conceptos en sí?

Por high concept se entiende una película que puede ser pitcheada con una simple frase. Sin entrar en detalles de personajes o desarrollo. Un buen ejemplo podría ser el de Inception; “Unos ladrones roban secretos a través de los sueños”. El Sexto Sentido, otro ejemplo de película que alguna vez he escuchado como ejemplo de high concept no lo sería; “Un psicólogo ayuda a un niño que ve muertos”. ¿Por qué no? Porque la premisa no plantea ninguna novedad. Ya se han hecho películas de niños que ven fantasmas y la originalidad de El Sexto Sentido recae en su ejecución y en el giro final. A veces resulta complicado distinguir entre lo que es un high concept y lo que no, pero pocas películas entran realmente en la categoría de high concept.

Recientemente leí en Writer’s Store los 5 requisitos que se consideraban necesarios para entrar en esta categoría;

1. Tu premisa debe ser original y única

2. Tu historia tiene que tener interés para una gran audiencia

3. Tu pitch debe ser sobre la historia

4. El potencial debe ser obvio

5. Tu pitch debe ser de una a tres frases como mucho

Sobre todo se considera un high concept una idea que se vende sola y que no precisa de detalles para que alguien vea la originalidad y el potencial que tiene. A muchos nos gusta basar nuestros proyectos en este tipo de conceptos. Dan valor añadido y partes de una base muy sólida para levantar una película de éxito. Pero, ¿apoyarse en un high concept puede conllevar algún problema?

Normalmente, estos se producen en el proceso de desarrollo del guión cuando su estructura, sus personajes, etc… no cumplen las expectativas. Ni las nuestras, ni las de aquellos que leen el guión. Es en ese momento en el que te sientes prisionero de tu high concept. Porque por una parte no puedes escapar de él (sabes que tienes un éxito en potencia y no quieres desaprovecharlo) y por otra eres incapaz de hacer que la historia funcione al nivel que quisieras. En más de una ocasión hemos visto una película con un high concept que no sabía llevarla más allá de la anécdota o del punto de partida. Aguantar todo esa originalidad a lo largo de 90 minutos es muy complicado y muchas veces un reto que nos va superando poco a poco.

No soy partidario de abandonar los proyectos a no ser de que realmente te sientas quemado y sin ninguna motivación para reescribirlo. Por tanto, una buena forma de salir de ese atolladero es involucrar a otro guionista en el proyecto o que un analista le eche un vistazo. Una visión fresca y distinta puede desatascar algunos de los problemas en los que te encuentras y al mismo tiempo refuerza tu pasión por el proyecto.

Porque el mayor error que podemos cometer es creer que con tener un high concept la película se vende sola. Y antes de venderla hay que escribir un guión que esté a la altura de las expectativas.

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Article by: Marc Agues