Dolor de escribir

UNA GUÍA ZEN PARA EL DOLOR DE ESCRIBIR O cómo podemos parar de sufrir

Aquí en Filmarket Hub hablamos mucho sobre leer y escribir. Este es probablemente el consejo más repetido para escritores en todas partes.

Lee y escribe. Lee y escribe. Lee y escribe. Lee y escribe.

Hoy quiero hablar sobre algo relacionado pero no exactamente igual. Vereis, este consejo siempre me ha parecido condescendiente. A ver, yo sé que tengo que leer y escribir, ese no es el problema. El problema es el dolor.

El dolor de escribir

Pillar algo del mundo de las ideas y descargarlo a nuestra realidad es, muchas veces, un proceso lento e imperfecto. La cantidad absurda de horas que tienes que pasar pensando en una historia, anotando tus ideas, dándote cuenta de que no todo lo que pensabas va funcionar, dudar de tu historia, dudar de ti mismo, contemplar dejarla por completo y finalmente terminarla, es el proceso habitual para mucha gente (o por lo menos para mi).

¿Alguna vez te has sentido así?

Vaya, quizás te sientas un poco mejor sabiendo que no estás solo. Una rápida búsqueda en Google de “escribir + dolor” te dará suficiente contenido para perder todo el día leyendo (no recomendado).

Pero, ¿de dónde viene este dolor? No viene literalmente de escribir, ¿verdad? Si te duelen los dedos mientras le das al teclado, detente. Háztelo mirar por un profesional, por favor. El dolor del que estamos hablando aquí es filosófico. Es casi como el dolor del desamor.

¿Y qué profesional puede encargarse de un dolor filosófico? Creo que el psicólogo Robert Moore, el escritor Ray Bradbury y el filósofo/emperador Marco Aurelio podrían tener la medicina que necesitamos.

Robert Moore escribe mucho sobre la psique masculina, su libro “La Nueva Masculinidad: Rey, Guerrero, Mago y Amante” fue un éxito rotundo cuando salió por primera vez en los años 90. Moore dice que cualquier persona embarcada en un proceso creativo, tiene que ser encarnado por el arquetipo del “Guerrero”.

Rossel Crowe en “Gladiador”

El arquetipo del Guerrero está cargado de energía, propósito, disciplina y (lo que es más importante para mí) es emocionalmente distante (de su trabajo). Entiendo que todos aquí reconocemos que éstas pueden ser ventajas importantes a la hora de escribir.

¿Cómo puedemos encarnar al “Guerrero”? Vamos con calma. Primero debemos actualizar el sistema operativo con en el que hemos estado trabajando. El arquetipo del “Héroe”.

El arquetipo del Héroe es la versión inmadura del Guerrero. ¿Cuál es la diferencia entre el Héroe y Guerrero? El Dr. Moore dice que el Héroe actúa principalmente para conseguir gloria, reconocimiento.

Puede ser que el arquetipo del Héroe luche por algunos ideales, pero en última instancia, es egoísta. El Guerrero sabe que trabaja para algo más grande que él, no le concierne la gloria, sino el trabajo.

Entonces, si el arquetipo del Héroe nos encarna, estamos de alguna manera vinculando el trabajo (escribir en este caso) con nuestra autoestima. Estamos buscando gloria. La grandiosidad del ego es lo que nos duele al escribir al verse amenazada, no nosotros mismos.

¿Cómo dejamos atrás el arquetipo del Héroe? Moore diría que intentemos separarnos del trabajo. Trabajo es trabajo; tú eres tú.

Ray Bradbury tiene reflexiones parecidas en su libro “Zen en el arte de escribir“.

Analicemos dos citas.

Primero:

“No pienses. Pensar es el enemigo de la creatividad. Es ser consciente de uno mismo, y cualquier cosa consciente de sí misma es mala. No puedes intentar hacer cosas. Simplemente debes hacer las cosas”.

Aquí Bradbury está abogando por la disociación de uno mismo con el acto de escribir. Nos dice que no nos tropecemos con nosotros mismos. “No lo pienses demasiado, chico. Solo haz lo que se necesita hacer”. Muy “zen” de hecho, si.

¿No te recuerda a Yoda? Igual era fan de Bradbury.

¿Por qué existe este vínculo entre pensar y tropezarse con uno mismo? Muchos atletas y artistas dicen cosas similares. Muchos no están pensando mientras hacen su  trabajo.

Los ateltas se encuentrán en un estado de “flow. Su mente y cuerpo trabajan al unísono. No hay un “yo” consciente con el que tropezar.

Veamos otra cita:

“El escritor que quiere encontrar la verdad en sí mismo debe rechazar las tentaciones de querer ser reseñado como Joyce, Camus, o Tennessee Williams. Debe olvidar el dinero que cree que le espera. (…)”

Traducción: Tío, olvídate de tu grandiosidad si quieres escribir con sinceridad.

Los grandes sueños, las codicias, las esperanzas y los deseos nos pesan. No tienen nada que ver con el trabajo en sí. Para Ray Bradbury, interfieren con la verdad. Siendo un escritor tan prolífico, es fácil de entender por qué su enfoque le funcionó. Su ego permanecía intacto antes y después de escribir. Un verdadero “Guerrero”, emocionalmente separado de su trabajo.

¿Estamos progresando? Creo si, por lo menos hemos identificado la fuente del problema. El dolor viene con el ego. El futuro pende sobre nosotros, y le tenemos terror. El ego nos susurra a la oreja:

“Escribir ese guion perfecto te hará inmortal y respetado, al igual que Joyce, Camus o Tennessee Williams (o Ray Bradbury)”.

El ego, el futuro y el miedo son la combinación perfecta para la ansiedad. La cual nos crea indecisión. Lo que se convierte en nuestro tema de hoy: El dolor.

Busto del emperador Marco Aurelio

¿Cómo podemos enfrentar el futuro sin miedo? El filósofo estoico y emperador romano Marco Aurelio, tiene algunas ideas sobre el tema.

En sus noches de insomnio, el emperador escribía sus ideas en su carpa a la orilla del río. Una especie de ‘guía de cómo vivir’ dirigida exclusivamente a sí mismo. Pero después de su muerte, esas escrituras fueron encontradas y recopiladas, convirtiéndolas en un libro llamado “Meditaciones“.

En estos textos Marco Aurelio reflexiona sobre la cuestión de la muerte y cómo vivir la vida sabiendo que inevitablemente llegará a su fin. Concluye que uno solo puede enfocarse en el presente, el ahora, que es lo único sobre lo que tenemos cierto poder.

El resultado del trabajo (escribir en nuestro caso) está fuera de nuestro control; solo podemos concentrarnos en hacerlo lo mejor posible, sin pretensiones o arrogancia. El resultado del trabajo está fuera de nuestras manos. Ser un autor recordado o guionista condenado al olvido, no importa porque eso está fuera de nuestras mentes, que es lo único que siempre podemos controlar.

¿Cuál fue la medicina? ¿Qué hemos aprendido de estos grandes pensadores hoy?

Tal vez, que deberíamos dejar de preocuparnos y solo escribir. Tratar de disfrutar si podemos. El resto está en manos de los dioses.  

Os dejo con las palabras de Marco Aurelio.

“Si te duelen las cosas externas, no son ellas las que te molestan, sino tu propio juicio sobre ellas. Y está en tu poder borrar ese juicio ahora”.

¡Adelante, guerreros! ¡Trabajemos (escribamos) con sinceridad y en paz!

Category: Herramientas

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Article by: Federico Mayorca