tiburón

Unos apuntes sobre la relación creatividad-presupuesto en el cine de terror Es un género más agradecido de lo que parece

Uno de los factores que mencionaba en mi alegato sobre las bondades de asistir a un Festival de cine como el de Sitges era la posibilidad de ver producciones pequeñas a las que es más complicado no sólo acceder sino también conocer su existencia; cine con una distribución mínima o que se limita a círculos concretos. Mis años asistiendo a estos eventos me han demostrado una y otra vez que presupuesto y talento no son directamente proporcionales; de hecho, la limitación presupuestaria puede convertirse en un estupendo combustible para la creatividad.

El género fantástico y de terror que define al Festival de Sitges nos ha dado notables ejemplos de esto, empezando por La noche de los muertos vivientes‘ de George A. Romero, película que rodó con apenas 100.000 dólares, un casting desconocido y con un montón de ideas y recursos creativos que solventaban el limitado presupuesto. La serie B zombies de Romero se convirtió en un referente para el terror posterior, y lo hizo con una recaudación que multiplicaba por 270 la inversión original – se estima una recaudación global en torno a los 30 millones de dólares, esto sin contar todos los residuales que hayan surgido desde su estreno en 1968.

Otro famoso ejemplo de problemas convertidos en creatividad es el ‘Tiburón‘ de un jovencísimo Spielberg que vería cómo el escualo robótico gigante les fallaba constantemente en el rodaje debido al agua. No podrían seguir dedicando presupuesto a crear nuevos Bruce (sí, el tiburón asesino tiene nombre), así que Spielberg decidió jugar con el fuera de campo y la tensión que emana de tener la certeza de estar en peligro pero no saber por dónde va a venir. Cuatro notas de John Williams y un uso del suspense fantástico es lo que más se destaca de esta obra maestra del género. Tiburón es lo que es gracias a un fallo de atrezzo, como quien dice.

James Ward Bykrit rodó ‘Coherence‘, su primera película como director, con pesupuesto mínimo, en cinco días, un solo escenario (su casa) y un batiburrillo de bucles y paradojas temporales muy estimulante cuya tensión se basa en el diálogo. La película ha recaudado 100.000 dólares en todo el mundo y ha triunfado en varios festivales especializados como el de Sitges. En ciencia ficción de bajo presupuesto encontramos otros ejemplos como ‘Primer‘, ‘Upstream color‘, títulos que convirtieron a Shane Carrouth en un director de culto; ‘Moon‘, que lanzó la carrera de Duncan Jones o ‘Another Earth‘.

 

Si tienes la sensación de que últimamente estamos viendo más cine de terror, estás en lo cierto. En un momento en el que las productoras y distribuidoras de contenido buscan menos riesgos y cierto tipo de garantías, la rentabilidad del género de terror tiene tirón. El cuadro sobre estas líneas forma parte de un estudio de Stephen Follows sobre la producción de terror de bajo presupuesto (de 500.000$ a 5 millones de dólares) en Estados Unidos; en el mismo estudio también ofrece una comparativa por géneros que muestra la probabilidad de que un título sea rentable. El terror está en el primer puesto con un 50%.

Además de su cualidad para entretener con facilidad, quizá uno de los motivos para el éxito del terror sea lo abierto que está el público a lo que un título le quiera ofrecer y lo agradecidas que son las ideas originales, estén bien ejecutadas o no (el tema de la calidad también se refleja en el estudio de Follows). Y todo sin importar demasiado la saturación de títulos.

Cualquiera diría que a estas alturas, con tantísimo zombie e infectado desde aquellos muertos vivientes de Romero, sería complicado llamar la atención con este tipo de historias y, sin embargo, encontramos varios títulos que han brillado y tenido éxito tanto masivo como de nicho. La frenética y atrevida ‘Train to Busan‘ multiplicó casi por 10 su presupuesto de 8 millones gracias un éxito en festivales que se tradujo en taquilla. La vuelta de tuerca al género de la británica ‘The Girl With all the Gifts» consiguió hacerse su hueco entre el terror de culto, y el acercamiento dramático de las francesas ‘Les Affamés’ y ‘La nuit a dévoré le monde‘ han triunfado en festivales, pero el ejemplo reciente más llamativo es el de la japonesa ‘One Cut of the Dead.

Con 27.000 dólares de presupuesto, un reparto sacado de los estudiantes de un seminario de interpretación y ocho días de rodaje han convertido esta comedia de terror tan divertida y original en uno de los fenómenos de taquilla más impresionantes de 2018. Empezó poco a poco conquistando premios del público en diversos festivales (lleva ya 18 premios) , ganándose ovaciones de minutos (sobre estas líneas un ejemplo de mi sesión en Sitges), hasta que llegó a las salas japonesas y la locura se desató. Ha estado tres meses en el top 10 de taquilla (a principios de noviembre seguía en el puesto 10), ya ha vendido más de 2 millones de entradas (que se traduce en casi 27 millones de dólares) y y se ha distribuido en otros países asiáticos con una recepción similar.

¿Por qué esta locura? La película de Shinichiro Ueda va más allá de hacer una parodia del género y juega con las expectativas del espectador, dándonos un tercer acto de los más desternillantes y brillantes que he visto en mucho tiempo. Me gustaría ser más específica con respecto a cómo la película estructura sus giros y hace de la falta de presupuesto uno de sus atractivos, pero es mejor verla sin saber nada. Este es uno de esos casos en los que el boca a boca lo hace todo.

¿Qué hago si tengo una idea genialosa como la de Ueda? Un recurso que está ahora al alcance de todos es la posibilidad del crowdfunding. No sólo es una forma de conseguir financiación, sino que el hecho de que muestres tu idea y resulte en particulares interesados en ella ofrece ciertas garantías a productoras y otros inversores. Minimizas el riesgo.

Esto es lo que hicieron los directores de ‘Prospect‘, otro de los títulos de género que se ha visto este año en el Festival de Sitges. Esta especie de western de ciencia ficción es una adaptación a largo de un corto que Zeek Earl y Christopher Caldwell financiaron a través de Kickstarter. Lograron su meta de 20.000 dólares y presentaron el corto en el festival de SXSW, donde ganó cierta relevancia. Con este curriculum, que incluía además cierto éxito de visionados en Vimeo, consiguieron que una productora canadiense les diese cerca de 4 millones para la producción del largo.

Prospect‘ es además otro ejemplo de cómo la falta de presupuesto puede alimentar la creatividad. Earl y Caldwell hablan en entrevistas de cómo dedicaron sesiones de brainstorming de días, donde juntaban a diferentes artistas y técnicos de cada ámbito de la producción, para encontrar ideas de le diesen más valor de producción al conjunto. Pese a su sencillez, la construcción del universo de la película (que tiene lugar en un planeta recóndito y en una nave espacial) es tan completa como realista, y es patente el cuidado en cada detalle, desde algo tan prominente como la fotografía hasta pequeños detalles de atrezzo.

Y aunque lo del crowdfunding pueda parecer más difícil en un país con mucha menos población como es España, también existen ejemplos de éxito. ‘Dhogs‘, la opera prima del gallego Andrés Goteira que también pasó por el festival de Sitges (entre otros), tiene en parte financiación de la diputación de Lugo pero consiguió un 10% del presupuesto a través de la plataforma de crowdfunding Verkami.

En Sitges también se pudo ver The Head, una oscura historia sobre un vikingo y su venganza contra orcos, trasgos y otras criaturas fantásticas. Los productores contaban en la presentación cómo la habían rodado con cuatro duros, un equipo de tres personas, un actor, cuarenta páginas de guión y una casa abandonada en el remoto pueblo portugués de la abuela de uno de ellos. Un Juan Palomo de manual que ofrece un horror muy resultón a base de claroscuros, fueras de campo, planos muy cerrados y efectos especiales prácticos que compensan la falta de medios con una tensión bien construida. Tras su paso por algunos festivales, ‘The Head‘ ha conseguido un acuerdo de distribución con Vertical Entertainment.

Ya que hablamos de festivales no podemos perder de vista la oportunidad que ofrecen algunos en forma de concursos de proyectos, foros de coproducción e iniciativas similares. En cuanto al cine de terror, fantasía y ciencia ficción, Sitges Pitchbox es uno de los eventos más importantes actualmente en Europa, pero no necesariamente hay que limitarse a convocatorias con este perfil.

El terror también es DRAMA

«Under the Shadow»

En el resurgir actual del género destaca cierta tendencia a la historias de corte dramático que utilizan el terror para explorar el trauma o incluso conflictos sociales. ‘Get out‘, cuyo terror nace en el conflicto racial en Estados Unidos, ha sido una de las pocas películas del género en llegar a las categorías principales de los Oscar. Este año también ha habido mucho ruido con ‘A Quiet Place‘ (pun intended), que con su presupuesto de 17 millones lleva recaudados casi 350 millones en todo el mundo. No es tan independiente como otras películas de este texto, pero al margen de la visibilidad que pueda haber tenido por su director y protagonista, y por la maquinaria de Paramount, el núcleo de su éxito está en sus ideas. En la rutina silenciosa de esa familia en el entorno post-apocalíptico y en cómo se conecta con el drama subyacente.

En esta línea encontramos otra de las grandes sonadas del año, ‘Hereditary‘, un relato de terror psicológico sobre la salud mental y la pérdida contado en claves de horror. En ediciones recientes del festival de Sitges despuntaron también títulos en esta línea como ‘The Babadook‘, que lleva la depresión postparto y la relación de una madre con su hijo a terrenos terroríficos, o ‘Under the Shadow, una producción Iraní que traslada los horrores de la guerra entre Irán e Iraq en los 80 a una historia de casa encantada. Entre asociaciones para la igualdad (también hay algo en la película sobre el papel de la mujer en aquellos países), la colaboración del Doha Film Institute (Qatar) y la co-producción británica consiguieron recaudar 1 millón de dólares para rodar este título que después despuntaría en el Festival de Sundance, sería comprada por Netflix y acabaría siendo la elección de Reino Unido a los Oscar de 2017.

Es esa forma de transformar en horror dramas tan terribles y tangibles como que caiga una bomba en tu bloque de edificios, lo que conecta con el espectador, al margen de la cantidad de efectos, grandes decorados u otras cualidades presupuestarias. El trauma llega. Otro ejemplo lo tenemos en el éxito reciente de La maldición de Hill House, una serie de Netflix que hace tangibles las enfermedades mentales, las adicciones o los traumas infantiles mediante fantasmas.

Por cierto, con la intención de hacer cine social o dramático en clave de terror en mente, están las opciones para financiación de festivales no específicos del genero, como el «Cine en construcción» (proyectos latinoamericanos), el Foro de Co-producción de Europa con América Latina o el Glocal in Progress de San Sebastián, otras convocatorias y concursos en los festivales de Málaga, Gijón o Albacete, ayudas a la distribución en la SEMINCI o el Euro Connection, un encuentro para la co-producción de cortos con países europeos.

En fin, después de este popurrí de ideas en torno al terror, a los pequeños presupuestos, las soluciones de financiación y la creatividad como recurso espero haber sido capad de transmitir esta idea última: el terror es uno de los ámbitos más agradecidos para cuando tienes cuatro perras, tanto si se tienen grandes ambiciones dramáticas como si hacemos un survival tenso con su sangre cutre. No creo que haya género en el que el espectador vaya con la mente más abierta y dispuesta que con el terror; siempre y cuando no te marques una promoción a la «El Bosque» de Shyamalan, pero eso es historia para otro día.

Category: IndustriaSin categoría

Tags:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Article by: Adriana Izquierdo